Te contamos cómo ser vegano desde la experiencia…

Ya está. Llevas varios días (o meses) dándole vueltas al asunto y por fin has tomado la decisión. Te invade una especie de “no sé qué” que te recorre la espina dorsal y sientes como cuando estás en proceso de enamoramiento… mariposas en el estómago. Has tomado la decisión que va a cambiar tu vida, algo que te va a acompañar en el día a día y allí donde vayas o estés, porque no tiene fronteras y la fuerza más potente que te impulsa a ello es el compromiso que has adquirido contigo, con tu cuerpo, con el medio ambiente y, sobre todo, con los pobres animalitos. Entonces, con todas tus energías positivas mañaneras, te diriges a la persona que más quieres en el mundo y le espetas a bocajarro con una sonrisa luminosa en los labios: “Mamá, ¡voy a ser vegano!”

vegano

Una decisión sana y las dos maneras de afrontarla

Pero decidir ser vegano no es cosa de niños. Antes de enseñarte cómo afrontarlo todo, vamos a analizar tu decisión. Has tomado una decisión muy importante a dos niveles.

El primer nivel es el de auto conservación, la recuperación de tu autoestima y las miras a largo plazo de tu bienestar y salud. Es como quien toma la firme decisión de dejar de fumar para prevenir enfermedades y mejorar su calidad de vida (ya no más dientes oscuros, aliento asqueroso ni piel castigada). Es una decisión hacia ti mismo/a, la tomas desde dentro y va hacia dentro: su fin es tu cuerpo y tu salud. Un nivel egoísta (pero bueno), si quieres llamarlo así.

El otro nivel de tu decisión es más altruista. Es como si fuera una decisión que viene de tu interior y va hacia fuera. Como cuando decides hacerte de un  partido político o de una confesión religiosa. Es una decisión para los demás, para los animales, y por supuesto para dar ejemplo en tu entorno de que otro tipo de vida (más sana y responsable) es posible.

El paso más importante ya lo has dado: el compromiso. Ahora vamos a guiarte sobre cómo puedes afrontarlo. Dependiendo de cómo sea tu carácter te convendrá una vía u otra.

Vía 1: Ser vegano de golpe

 
Si dejaste de fumar de un día para otro y te fue bien, esta es tu vía. Tienes un carácter firme, impresionable pero constante, ¿verdad? No te gustan las medias tintas, y sabes mantenerte en tus trece cuando hace falta.

Seguro que esta decisión la tomaste un día en que presenciaste (en vivo, o por televisión) la cruel matanza de un cerdo para el deshuese… o accidentalmente terminaste en una granja de cría de aves y te diste cuenta de lo hacinados que estaban y cómo malvivían, para terminar siendo sacrificadas, procesadas y envasadas. Con tu carácter impresionable, eso te marcó.

Si ayer estabas comiéndote una hamburguesa en el McDonald´s y hoy tienes una de tofu en las manos, es que has tomado una decisión por esta vía: la “rápida”. Si te sale bien te aseguras no caer más en tu vida en el crimen de comer carne.

Tendrás dos beneficios importantes si “cortas por lo sano” desde el primer día:

1. Notarás el progreso desde el primer día. Bajarás de peso, te notarás más ligero/a, notarás cambios metabólicos en tu cuerpo, más que si lo hicieras gradualmente (en ese caso podrás tardar meses). En definitiva, notarás los beneficios de ser vegano/a desde el primer minuto en que condenas el crimen de la carne y optas por los frutos que amablemente te ofrece la madre Tierra.

2. Te sentirás mucho mejor contigo misma/o por haber cortado tajantemente con una crueldad y con la intrusión de sustancias tóxicas (conservantes, hormonas, el mercurio de las latas de pescado) en tu organismo. Te sentirás una heroína, o un héroe, y sentirás una gran reafirmación personal.

 

Igualmente, para dar este paso deberás reunir una serie de cualidades como persona:

1. Tener un entorno favorable. No es necesario que todos los miembros de tu familia sean veganos, incluso si solo lo eres tú, ¡enhorabuena! Lo podrás conseguir también (y ayudarás, con tu ejemplo, a que se “reconviertan”). Simplemente asegúrate de que tu entorno (familia, amigos, conocidos) lo entiendan, y haz didáctica, explicándoles que tu vida va a cambiar y que eso va a repercutir cuando salgáis fuera a cenar o a comer. ¡Ánimo! Seguro que en una de esas barbacoas repletas de carne sangrante alguno va a probar tus deliciosas hamburguesas de soja con salsa BBQ. ¡Te vas a convertir en un estandarte de la comida vegana!

Un último apunte: aunque reúnas estas condiciones, asegúrate de que no tomas esta decisión estando embarazada o a punto de ser padre, en medio de un cambio de trabajo, de un divorcio o de un cambio de vivienda… según los psicoanalistas estas son las situaciones más estresantes a las que se enfrenta el ser humano.

2. Tienes capacidad de síntesis, eres resiliente y te apañas con poca información. Es mucho más fácil dejar de fumar de un día para otro que dejar la carne. Te vas a reír, pero es cierto. Con lo de fumar solo tienes que parar de hacerlo, pero comer… tenemos que comer todos los días. Y comprendemos que el maravilloso universo del vegano no se aprende de un día para otro. Pero eres una persona que se apaña con poco, sabes cuatro cosas sobre la proteína vegetal (soja, lentejas, legumbres, tofu) y tienes mano derecha para  –al menos durante los primeros días- prepararte unas recetas apañadas.

Además, todo lo que cae en tus manos (folletos, libros, recetas, posts en internet) lo lees en un momento y sacas las ideas principales. El aprendizaje lleva tiempo, pero eres resiliente con las crisis de “mmmh … ¡quiero carne!” y sabes sobre ponerte a estas crisis.

Vía 2: Hacerse vegano de forma gradual

 

 
Eres de los/as que cuando tomó la determinación de dejar de fumar, no lo hizo de un día para otro, sino que lo fuiste dejando de forma disimulada, sin decirlo a nadie, quitándote primero el cigarrillo de después de la comida, luego el de la tarde, hasta que alguien se percató de ello y te lo preguntó, y te llenó de satisfacción responderle con una sonrisa: “ya no fumo”.

Pues con la carne lo mismo. La decisión está tomada, sí, pero lo vas a hacer de modo gradual. Por ejemplo, si comes carne de 4 a 5 días de la semana, reduce las veces a dos o tres. Y uno de estos días, come todo vegano. Recuerda: ni leche, ni huevos. Son derivados los dos de los animales y una de las razones por las que viven en condiciones infrahumanas.

Hay dos beneficios si has elegido este cambio gradual en tu forma de alimentarte y vivir:

1. Es una transición que va acorde con tus hábitos y tu vida, no supone un “trauma” que te fustigue como un flagelo, ya que tu carácter no es que sea débil, es que huye de los trastornos graves y prefieres la tranquilidad de ir asentando estas buenas costumbres en tu vida, con la confianza de que cuando llegan a asentarse en ella, vienen para quedarse para siempre.

2. Vas enriqueciendo la transición sin sentir el desamparo, con nuevas recetas, consejos y combinaciones que vas aprendiendo por el viaje de ser vegano, cocinando para otros y aprendiendo paulatinamente cosas muy interesantes sobre esta filosofía de vida.

En esta vía, como te hemos dicho, la transición debes hacerla de modo que si al principio consagras un solo día a comer solo vegetales, acabarás teniendo un solo día a la semana que te permitirás comer un pedazo de carne, un huevo pasado por agua o un poco de leche… y este día, maravillosamente, desaparecerá de tu agenda (muy recomendable que lleves una agenda que te marcará las comidas y donde podrás apuntar tus ideas).

 

Hábitos y comportamientos para llevar una buena “transición vegana”

parrillada vegana

A continuación, te anotamos las directrices que deberás tomar en tu nueva vida para poder realizar la transición de modo correcto. Son hábitos y costumbres que seguramente ya tienes, incluso algunas las habrás llevado a la práctica, pero nunca está de más apuntarlas en tu cuaderno, tu agenda o incluso colgarlas en la puerta de tu nevera, para recordártelas cada mañana cuando te levantes:

– Aprende cada semana conceptos sobre nutrición vegana.

– Apunta en tu agenda lugares donde vendan productos para veganos, preferiblemente en tu zona. Internet te abrirá mucho las puertas en este sentido.

– Realiza cada semana una receta vegana nueva. En este blog podrás encontrar muchas recetas veganas y cada día añadimos más.

– Ve a comer o a cenar (si es con amigos o familiares, mejor) una vez a la semana a algún restaurante vegano de tu ciudad. Aunque haya uno en tu zona, prueba diferentes, eso ayudará a estimular tu paladar.

– Discrimina en tu agenda toda aquella celebración o evento (desde comidas de empresa a bodas y comuniones, viajes a hoteles…) que supongan una amenaza a tu rutina, y planifica los cambios con el sitio y la gente, acordes con tu nuevo sistema de vida. ¿No preguntan siempre si hay alguien intolerante a la lactosa o algún celíaco? Seguro que tendrán un plato especial para ti.

– Trasforma tus antiguos platos favoritos en manjares veganos. Sí, convierte esos espaguetis con sofrito de carne de cerdo en deliciosos espaguetis con sofrito de proteína de soja, o esos pastelitos que te hacías con clara de huevo en fornidos delicatessen a base de harina de soja. Todo tiene una segunda cara.

– Documéntate. Además de la agenda, crea un dosier donde acumularás recortes de periódico, notas de prensa, etc. no solo de combinaciones de alimentos y recetas, sino de los beneficios de llevar esta dieta libre de tóxicos animales. Hay a quien le motiva también tener la foto de un animal sacrificado para fortalecerse en situaciones de vulnerabilidad, pero esto va con el carácter de cada uno. Desde esta página te recomendamos que todo lo que puedas ver y tocar sea positivo.

Nosotros publicamos también sobre vida vegana más allá de la comida.

 

Acciones positivas que te ayudarán a mantenerte firme después de la “transición vegana”

cerdo libre

Cuando leas este apartado ya estarás a punto de terminar este período de transición o ya la habrás acabado, y tu vida se habrá envuelto de verde y tendrá un nuevo color. Aquí te dejamos unos últimos apuntes para asegurarte de que tu camino es ya el más llano posible y solo observar el vuelo de un lindo pajarillo, libre como el viento, puede parar tu caminar.

– Institucionaliza “Mi Día Verde”. Sí, marca en el calendario ese día en que tomaste esta decisión y la hiciste pública y festéjalo con tus amigos cocinando para ellos y ellas unas recetas que ya te sabrán como nunca. Esto reforzará tu convicción en grado sumo.

– Sé proclive a vivir nuevas experiencias veganas. Nunca tendrás todas las recetas en mano, siempre se reinventan las antiguas y surgen nuevas. Y, ¿por qué no? Invéntate nuevas recetas y publícalas en foros y webs especializadas. ¡Verás qué emoción te recorre el hecho de compartir tu estilo de vida y saber que arrastras a la gente a ella!

– Fórmate. Nunca pares de documentarte, visitar webs, ir a la biblioteca, escuchar, aprender y probar mediante el ensayo- error. Ser vegano no se aprende en un día, ni en un año, así que estate preparado/a para cultivar una enciclopedia de este fantástico mundo que irá creciendo, como un árbol centenario, para el resto de tu vida.

– Divulga. No, no pretendemos que te comportes como si vendieras biblias a puerta fría, ni que vendas nada. Con tan solo responder cuando te pregunten por qué en ese restaurante chino has pedido esa ensalada sin jamón o el plato vegano especial de la casa, es suficiente. La curiosidad acrecienta el interés y no hay nada más maravilloso que ver como una persona próxima a ti, a quien veías comer carne a dentelladas, se ha pasado a tu bando porque te preguntó,  la informaste, y como te pasó a ti, sintió esa llamada en su interior que le dijo: “¡Quiero ser vegano!”.