Contaminación visual

contaminación visual

Continuamente prestamos atención a toda clase de estudios sobre la contaminación que nos rodea, preocupados lógicamente por las condiciones de vida a las que nos estamos sometiendo a raíz de la fuerte industrialización y de la nueva era comercial y tecnológica, y cómo influyen estos factores medioambientales negativos directamente en nuestra calidad de vida.

Contaminación del aire que respiramos, de los alimentos que ingerimos, de los incesantes ruidos que nos envuelven inconscientemente en nuestras rutinas del día a día, etc. Pero existe una forma de contaminación que también nos envuelve y que pasa más desapercibida por tenerla completamente asumida, pero que nos afecta a todos, todos los días: la contaminación visual.

Qué es la contaminación visual

Según la Wikipedia, “Contaminación visual es un tipo de contaminación que parte de todo aquello que afecte o perturbe la visualización de algún sitio o rompan la estética de una zona o paisaje, y que puede incluso llegar a afectar a la salud de los individuos o zona donde se produzca el impacto ambiental…”.

A pesar de que los tiempos modernos conllevan una inevitable desnaturalización de los individuos como nosotros, es decir, de los habitantes de grandes y pequeños núcleos de población inmersos en este sistema industrial y tecnológico que nos rodea, no podemos negar que seguimos siendo seres naturales, animales al fin y al cabo.

Nuestro cerebro es capaz de asimilar un determinado número máximo de estímulos externos con relativa naturalidad, una capacidad que se ve superada por la cantidad de estímulos no naturales, o incluso antinaturales, y ciertos elementos “no arquitectónicos” injertados artificialmente por todo nuestro entorno.

Todos estos elementos que alteran la estética paisajística, tanto en el entorno rural como en el urbano, suponen una sobreestimulación visual agresiva y altamente invasiva, un tipo de contaminación difícil de percibir porque estamos demasiado acostumbrados a sufrirla.

Ejemplos de contaminación visual

Uno de los elementos más destacados entre las principales causas de la contaminación visual son las llamadas vallas publicitarias o carteles publicitarios, los cuales generan el envío constante de información en forma de mensajes visuales entremezclados o confundidos entre sí, además de estar diseñados especialmente para acaparar sobre sí mismos toda nuestra atención visual.

Pero existe un gran número de elementos que contribuyen igualmente a alterar e impactar negativamente sobre nuestra atención y la escena paisajística. Antenas de televisión y de telefonía, parabólicas, cableados, postes de electricidad, contenedores de basura o vertederos, exceso de señales de tráfico y normas viales, incluso el tráfico aéreo o el impacto paisajístico de los molinos eólicos pueden contribuir a esta contaminación visual, causándonos trastornos relacionados con el estrés, problemas de atención, alteración del sistema nervioso, dolor de cabeza y hasta una disminución en la eficiencia laboral, aparte de la peligrosa distracción que puede suponer cuando estamos al volante de nuestros vehículos.

De esta forma, esa agresividad pasiva y excesiva que inunda nuestros ambientes habituales, sin darnos verdaderamente cuenta, puede resultar muy perjudicial para la salud de un adulto, así que no resulta difícil hacernos una idea de la intensidad con la que pueden afectar al cerebro y a la capacidad visual en niños pequeños y ancianos.

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